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sábado, 4 de julio de 2015

Yo pido con...

Supongo que como fruto de esta febril ola de calor que está causando tan indeseada vigilia en todos los que la sufrimos lejos del aire acondicionado nocturno, hoy me he visto inmersa en una conversación, cuanto menos lógica. 
Traía a colación no sé qué estudio que se había hecho sobre los beneficios e inconveniente de dormir solo o acompañado.
Por un lado las ventajas físicas del sueño en solitario, cuando hay espacio, silencio y tranquilidad. Por otra parte, como contrapartida, el componente afectivo y  los enormes beneficios emocionales y psicológicos de compartir cama con alguien con quien se tiene algún vínculo afectivo.
Yo, que sé valorar un buen sueño como algo realmente necesario y reparador, he de posicionarme al otro lado de la línea. Prefiero acostumbrarme a dormir con ruidos, movimientos o extra de calor con tal de sentir en mi espalda su cuerpo, oír cómo respira, entrecruzar las piernas en un momento de la noche solo para confirmar que sigue ahí, cerca, notar como su mano en mi cintura me atrae hacia él, buscarlo cuando algún ruido me despierta, percibir la distancia en los días de calor y el deseo al despertar retando si es necesario, las altas temperaturas.

No soy de practicidad, no me cortaré el pelo para no tener que peinarlo ni me pondré velcro por no atar y desde luego, si de mi depende no dormiré en camas distintas por no adaptarme a los pequeños inconvenientes que pueda tener sentir piel…sentirlo en mis brazos… 



lunes, 25 de noviembre de 2013

Una de Vástagos


El jueves pasado volví a tener la suerte de asistir a la presentación del último libro de Álvaro Bermejo: "Eternamente tuya".
Una tarde magnífica que, esta vez, se ubicó en Tipos Infames, un lugar que si tuviese que definir, diría que invita. Invita a leer, invita a compartir, invita a tomar un vino mientras recorres sus estanterías leeeentamente sintiendo que te lo llevarías todo, o que podrías quedarte por allí para siempre. Es una librería…,es un bar… y sin embargo no se llega a sentir de que sea ninguna de las dos cosas. Es un espacio para compartir, para disfrutar, al que yo solo añadiría algo de música francesa o un jazz bajito y sutil, casi imperceptible.
La presentación impecable, con la genial colaboración de Clara Tahoces, el tema: vampiros.
Yo, que debo reconocer absoluto desconocimiento y cierto desinterés en el tema, salí con mi ejemplar ansiosa de hincarle el diente y con la sensación de que, no haber leído a Stoker (cosa que se resolverá en breve), es una de las más grandes pérdidas literarias de mi vida, rozando casi la indecencia.
La conversación de ambos autores fue dinámica, atractiva e hipnótica, como si de vampiros se tratase y nosotros, sus víctimas, solo pudiésemos desear entrar en ese mundo de belleza, seducción, crueldad, deseo, pasión, absorción vital y un amor loco, absoluto, excesivo que supera cualquier límite, sin desnatarse como esos vampiros ñoños que tanto proliferan últimamente.
Retoma el vampiro malvado, despiadado, aquel que solo busca sobrevivir a costa de todo y todos ¿os suena? Seguro que todos tenemos nuestros vampiros personales, aquellos que acaban con la energía de los que le rodean sin escrúpulos.
Supongo la idea del vampiro podría extrapolarse a muchos ámbitos de la vida social, política y económica, especialmente en los tiempos que corren.
Quizás también sea por eso que, por primera vez en mi vida, sienta la curiosidad necesaria para interesarme por estos seres que representan el lado más brutal y primitivo del ser humano.


sábado, 9 de noviembre de 2013

Mucha suerte Laaraichi

-“Vaya, estamos de suerte, parece que el tercero no ha venido”- comenté sentándome en el asiento libre de ventanilla y dejando ,en el que previamente ocupé  en el centro, mi abrigo mientras con una sonrisa invito a mi desconocida compañera de viaje a hacer lo mismo.
Llevaba un rato observándola, con esa mala costumbre que tengo de fijar la mirada cuando algo me produce curiosidad. Pude reconocer en ella los tics comunes a los que se ponen nerviosos en un avión y que, en el pasado, tantas veces pude identifica en mí. Inmediatamente  sentí la extraña solidaridad que forja el tener o haber tenido un enemigo común.
Me sonrió y colocó su abrigo, evitando tocar el mío por si aquello pudiese molestarme. Saqué el libro y comencé  a leer, sin poder evitar mirar  de reojo  cada pocas líneas. Vi como seguía con la mirada a la azafata, como si quisiese preguntarle algo sin llegar a atreverse, me miró y la sonreí de nuevo.
-“No sé si  puedes ayudarme”- me comentó mostrándome su cinturón, demasiado corto,  con un acento que no pude definir y en un castellano, de construcción, perfecto.
-“Claro”- me acerqué para mostrarle cómo podía ampliarlo, ajustarlo, abrirlo o cerrarlo,  y me devolvió de nuevo una sonrisa.
Volví  a mi libro y ella a sus giros de cabeza sin orden definido,  que hacía materialmente imposible poder fijar la vista en nada.
“¿Hace frío en París?”- me preguntó cuándo el avión empezó a moverse. Entonces cerré el libro y me dispuse a distraer su atención durante el despegue que para mí, cuando sentía como ella, era lo más aterrador.
Durante ese tiempo descubrí que era de Larache y que llevaba 20 años viviendo en Madrid  trabajando como jefa de cocina, -“soy muy buena cocinera”- decía soltando una carcajada. Ahora que sus hijos eran mayores y ya no la necesitaban, había decido probar fortuna en París. Aquello era definitivo y pintaba muy bien, el restaurante que la entrevistaría había pagado su vuelo y si finalmente no la seleccionaban se quedaría  buscando otra cosa, era una oportunidad y no iba a desaprovecharla.
Cuando pasaron con la comida, ambas nos dispusimos a pedir la cena, era lo suficientemente tarde para tener dificultades a la hora de encontrar algo abierto al llegar. Sin embargo, cuando miró los precios decidió que mejor no cenaba. Pude percibir el motivo por el que finalmente decidió no ordenar nada.
“Hagamos una cosa, yo pago hoy la cena  y, cuando estés en París como jefa de cocina, lo saldarás con quien veas en la misma situación pagando vuestra”- eso fue lo que me quedé el resto de viaje pensando que debí decir, sin embargo callé. Callé por no sentir violencia, callé por evitar  que ella pudiese sentirse  ofendida, callé sin más, callé y permití que alguien no cenase por evitar una situación incómoda,  callé…callé y no pude parar de pensar  y reprocharme el resto del viaje haber callado.
Desde ese momento poco más hablamos, yo volví a mi libro con esa excesiva luz blanca casi de aparición mariana que enmarcaba mi asiento,  cavilando sobre lo ocurrido y volviendo una y otra vez al principio de una hoja  que mis pensamientos impedían  leer.
Cuando aterrizamos le mostré la cinta donde aparecería su maleta cargada de expectativas e ilusiones y me despedí deseándole, honestamente,  la mejor de las suertes.
No sé  su nombre y es casi seguro que no vuelva a saber de ella, sin embargo  siento un extraño deseo de que todo vaya como esperaba, que haya conseguido el trabajo y que disfrute de la oportunidad que le ofrece la vida.
No deja de sorprenderme el  impacto que algunas personas que solo rozan mi espacio durante un tiempo escaso tienen en mí. Dudo que siquiera imagine la admiración que sentí y la sensación de refrescante  renovación que me inyectó en apenas una hora de conversación.
Mucha suerte laaraichi!!!

lunes, 15 de julio de 2013

Si te confundes...sonríe y sigue

Han pasado dos años y medio desde que, muy por casualidad y sobre todo como fruto de la necesidad dedico tres días en semana a algo que si me hubiesen dicho hace cinco años me hubiese provocado un tremendo ataque de risa.
Por casualidad, porque el de fotografía estaba completo y no quedaba otra cosa, y por necesidad porque buscaba sin tregua ocupar el tiempo en cualquier cosa que me evitase pensar en las magulladuras que los golpes que una época cruel se encargó sin piedad de propinarme.
Ahora, consciente de mi suerte, solo quiero hacer un pequeño tributo a estas personas, compañeras de friquismo como yo las llamo, que han contribuido tanto recuperarme la sonrisa entre camellos y africanas. Especialmente a F y M.J. de las que ya no puedo prescindir. Pero también a C. y S. nuestras niñas, a M. y S. tan geniales, a todas aquellas con las que hemos compartido nervios, monedas, abalorios e imperdibles por kilos y por supuesto M. la "culpable" de que todas estemos aquí, creadora incansable, fuente inagotable de coreografías que aguanta con estoicismo nuestras quejas, carencias e inseguridades con una sonrisa y un muybienchicas continuo en la boca.
Nunca pensé que una afición espontánea me daría tanto, ni que compañeras tan auténticas y diferentes tanto a mi como entre ellas, conseguirían implicarme de semejante modo en este bonito proyecto sin principio ni fin. De este modo, doy las gracias a estas mujeres maravillosas que no solo contribuyeron a levantarme el ánimo, sino que están acabando a tortas con mi miedo escénico, confirmando mi teoría de que las terapias de choque es lo que mejor funciona.
Así, sin mas, dejo no sin cierta vergüenza mi pequeño tributo a ellas. Con ustedes, sin mas pretensiones que pasar un buen rato y notar ese extra de adrenalina que te hace flotar, les dejo con su Badik, nuestro Badik.
Solo les pido comprensión, no somos profesionales y cuando nos confundimos sonreímos y desde luego, seguimos.
Lo siento chicas si no es nuestra mejor actuación, como diría la Lupe, pero estamos casi todas y eso es lo importante.




Coreografía de mi profesora M.S.

domingo, 12 de mayo de 2013

Life for life's sake

Miradas fugaces imposibles de fijar por mas de unos segundos, sonrisa nerviosa, tensión que se concentra de tal modo que casi puede tocarse.
Carreras, tropiezos, ropa, colorete a granel, nunca hay suficiente colorete. Me ayudas? , alguien ha visto...? Tenéis un...? Me puedes poner...? Como estoy? Allá vamos!! Mucha mierda!!!
Entonces llega el momento, ese momento en que imprimes un extra de tensión a tus piernas para que dejen de temblar y sigan sosteniéndote, oyes circular la sangre a mas velocidad de la permitida y rezas porque el nudo que se ha instalado en el estómago no te haga vomitar.
La luz de los focos directa a los ojos y los oídos concentrados en los bafles. Comienza la música, durante escasos 3 minutos pierdes la conciencia del entorno. Solo existen los pocos metros cuadrados que recorrerán tus pies, las sombras reconocidas que de algún modo sirven de referencia y te dan cierta relativa confianza y la sensación de ir quemando etapas sin casi pensar en nada mas allá que mantener una gran sonrisa.
Entonces para la música, se abren los oídos, respiras con dificultad, y sientes como toda la tensión acumulada ha sido expulsada de un modo convulso, de golpe, en unos segundos, como un orgasmo contenido intencionadamente durante demasiado tiempo. Es en ese momento cuando te das cuenta de que quieres más y que todo el esfuerzo extra mereció la pena.
Ha sido una semana rara, intensa, resolutiva y me atrevería a decir que positiva, no se me ocurre mejor colofón que compartir este momento con estas chicas, que se esfuerzan y cumplen por el mero hecho de disfrutar y compartir, fun for fun's sake.
Porque al final, la mayoría de las cosas tienen la importancia que les queramos dar para bien o para mal, yo me quedo con lo primero.

sábado, 4 de mayo de 2013

Reality bites

   Últimamente he de reconocer cierta pereza social-cibernética. No es que haya dejado de gustarme la comunicación a través de estos medios, que siguen fascinándome, todo con medida claro,  creo que han hecho mucho bien para mantener contactos que de otro modo hubiesen terminado siendo un “qué habrá sido de….?” Y desde luego, en un mundo en el que nunca sabes dónde acabarán tus pies, se hace menos dura la distancia si ponemos  la tecnología a nuestro servicio.
   Yo soy más de piel y no suelo hacer pereza para ver y poder tocar a aquellas personas que forman parte de mi vida de un modo más activo, es una necesidad, así me cruzo Madrid, y cuando puedo España e incluso Europa para visitar, o al menos tomar un café con la sinceridad, calidez y  amabilidad que dan unos ojos, un gesto o una caricia.
  Esta pereza social, ojo que no cibernética en sí, se ha visto incrementada desde que he descubierto que el 80 % de los, llamemos “estados” que veo publicados son: frases célebres, párrafos de libros de autoayuda, consignas políticas, fotos terribles que te colocan en una posición deleznable si no das a “me gusta”
(paradójico), el último  anuncio de a saber qué, que han decidido que te gusta muchísimo… en fin, igual soy rara pero no me divierte como solía hacerlo, tengo la impresión de que se ha perdido en frescura y cada vez encuentro menos chicha de fabricación casera, que igual no tenía frases tan impactantes, pero sí me parecían más reales.
  Me siguen gustando las fotos, música, noticias, algún chistecillo o vídeo cachondo, pero echo de menos cuando se ponían trocitos de realidad que te permitía saber de la gente más allá de lo que es correcto o no contar, de lo que nos hace aceptables o incluso geniales a los ojos de los demás. Hoy he visto la foto de un conocido facebookiano y he de reconocer que me ha sacado una sonrisa, era de París, con el comentario, "de aquí nos trajimos a M.." (su hija de pocos meses). No me considero especialmente curiosa y claro, ya sabía que los niños vienen de París :), pero me ha encantado, tenía esa frescura que tanto echo de menos últimamente...

domingo, 7 de abril de 2013

Mamá me pongo a trabajar porque si me apetece un cuerno de chocolate, me lo compro

Así de básica y contundente, tras años de esperar ocasiones especiales y visitas para abrir el surtido de galletas de chocolate, cuya visión ejercía de campanilla pavloviana para los cuatro niños y no tan niños que esperaban ansiosos, salivando, el momento de ver desprecintar aquel tesoro.
Eran tiempos difíciles y aquellos muchachos y no tan muchachos, aunque no podían evitar el ramalazo infantil de querer lo que se desea al margen de toda razón,eran conscientes de que había que callar y arrimar el hombro.
Aprendieron pronto, demasiado pronto, que el serrín es terrible cuando entra por la nariz, pero que rellena muñecas de trapo que sonríen aun cuando se les está clavando una aguja.
Después fueron las pinzas, esas endemoniadas que despellejaban los dedos y los llenaban de padrastros, contar, unir, colocar para introducir los muelles en aquellas bases de metal macizo con piezas soldadas, que nada tenían que ver la una con la otra, y que seguramente habían sido ideadas y construidas por algún pseudo-ingeniero frustrado y sin recursos cuya genialidad era despreciada por una sociedad incapaz de dar cabida a su 'arte'... Eran miles, y no se podía bajar a jugar hasta que se acabaran, eran tiempos difíciles y todos lo sabían, así que no dudaban en decir a sus amigos que bajarían mas tarde mientras miraban mordiéndose el labio inferior, como sus amigos se iban con el balón bajo el brazo.
Así de básica y contundente fue esa muchacha que tuvo muy claro lo que había y lo que debía hacer. Tan morena que podría pasar por india, lista y con notas estupendas en los primeros años de instituto que mantuvo hasta el final de la carrera. Sabía que tenía que salir de la cadena de montaje casera y buscar fuera la mejor manera de hacer aquellas cosas que deseaba. Eran tiempos difíciles y esta niña no tan niña abría las puertas de lo posible, que todos, poco a poco fueron atravesando con mejor que peor suerte.
Años después, no hay reproches, resquemores, ni traumas solo recuerdos cargados de ternura, comprensión y nostalgia, eran tiempos difíciles y todos sabían lo que tocaba; años después distando mucho de ser niños aun recuerdan cuando se juntan y ríen levantando las cejas al comparar con sus hijos y sobrinos que, afortunadamente, nunca sabrán lo mucho que pica el serrín en los ojos 

viernes, 14 de diciembre de 2012

Entre Nefertiti y Kafka

Ayer estuve en la presentación del libro "El amante de Nefertiti", de Álvaro Bermejo , alguien a quien conocí hace no mucho porque compartimos un profundo cariño por dos personas que se adoran entre si.
Siempre me han gustado estos eventos, en este caso se organizaba en Hotel Kafka, un local cultural en el centro de Madrid donde, aparte de vender una pequeña pero muy buena selección de libros, organizan actos de este tipo, en un espacio acogedor y con un ambiente muy woodyalleniano.
La charla del autor fue perfecta, despertó el interés de todos en la lectura del libro, entretenida, curiosa , divertida y, para mi lamentablemente, demasiado breve. Lástima no haber encontrado nada interesante que preguntar, me hubiese gustado seguir disfrutando de sus historias y de ese modo de transmitirlas unos minutos más. Poder, belleza, amor que supera lo humano y lo divino, figuras fascinantes cargadas de misticismo, enigmas que permanecen a través de los siglos y "locos" que dedican su vida y maldicen sus almas por descifrar lo que se concibió para permanecer oculto.

Finalizada la charla se dio paso a la firma de libros. En ese momento comenzó ese jazz, sutil, envolvente, como el terciopelo y a su justo volumen. Vino, conversaciones mezcladas, encuentros casuales, muy curiosos y propios en estos acontecimientos, y poco a poco se fue vaciando la sala.
Fue ahí, en ese momento en que nos quedábamos los que acabarían con la última acompañada de olivas en el bar de la esquina, cuando realmente pude chusmear en las estanterías y encontrar aquella joya que llevaba tanto tiempo buscando.