Miradas fugaces imposibles de fijar por mas de unos segundos, sonrisa nerviosa, tensión que se concentra de tal modo que casi puede tocarse.
Carreras, tropiezos, ropa, colorete a granel, nunca hay suficiente colorete. Me ayudas? , alguien ha visto...? Tenéis un...? Me puedes poner...? Como estoy? Allá vamos!! Mucha mierda!!!
Entonces llega el momento, ese momento en que imprimes un extra de tensión a tus piernas para que dejen de temblar y sigan sosteniéndote, oyes circular la sangre a mas velocidad de la permitida y rezas porque el nudo que se ha instalado en el estómago no te haga vomitar.
La luz de los focos directa a los ojos y los oídos concentrados en los bafles. Comienza la música, durante escasos 3 minutos pierdes la conciencia del entorno. Solo existen los pocos metros cuadrados que recorrerán tus pies, las sombras reconocidas que de algún modo sirven de referencia y te dan cierta relativa confianza y la sensación de ir quemando etapas sin casi pensar en nada mas allá que mantener una gran sonrisa.
Entonces para la música, se abren los oídos, respiras con dificultad, y sientes como toda la tensión acumulada ha sido expulsada de un modo convulso, de golpe, en unos segundos, como un orgasmo contenido intencionadamente durante demasiado tiempo. Es en ese momento cuando te das cuenta de que quieres más y que todo el esfuerzo extra mereció la pena.
Ha sido una semana rara, intensa, resolutiva y me atrevería a decir que positiva, no se me ocurre mejor colofón que compartir este momento con estas chicas, que se esfuerzan y cumplen por el mero hecho de disfrutar y compartir, fun for fun's sake.
Porque al final, la mayoría de las cosas tienen la importancia que les queramos dar para bien o para mal, yo me quedo con lo primero.
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domingo, 12 de mayo de 2013
Life for life's sake
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lunes, 6 de mayo de 2013
Porque no tenemos otra vida en la mochila
En ocasiones me cuesta horrores tomar decisiones. Afortunadamente no me ocurre en el ámbito laboral, donde puedo reconocer cierta agilidad , a veces incluso exceso de osadía o inconsciencia que igual algún día me cuesta un disgusto, pero que por otra parte, me produce cierto regustillo.
Sin embargo en mi vida privada, ya sea porque ninguna de las opciones me convence, o porque las consecuencias me resulten desagradables, doy muchas vueltas antes de resolver lo que, en muchas ocasiones, casi desde el principio, percibo que se resolverá de una determinada manera.
Ni mi espíritu hedonista ni la inmadurez peliculera que me aflora para estas cosas con contundencia ayudan en este sentido. Así invierto mucho tiempo, demasiado, en sostener situaciones que mi mente sabe que debo desechar hasta anclarme de un modo absurdo y generar, igual por el tiempo invertido, por cabezonería o a saber , cierta sensación de que debe salir bien sin atender a razones: tripas mandan.
Hace tiempo, hablando con una amiga de las que te dejan rumiando ideas lanzadas entre chorradas, en ese escaso margen de seriedad que la permitimos nos dijo: “hay gente que vive como si tuviese otra vida en la mochila”.
No sé si fue ahí pero desde luego algo tuvo que ver, son esos momentos de revelación, de “¡ coño!”, apertura de ojos y cara de bobalicona, “¡claro!”. Así, en mi empeño de resolver cositas que, de algún modo, me metían el dedo en el ojo, de a poquito y sin grandes pretensiones, conseguí cambiar cosas importantes en mi vida. Sin embargo me dejé cosas para septiembre, esas cosas que cuestan más. Cuando las encaré puse fecha, por eso de que el cerebro no entiende de “algún día...” o "a ver sissss…”.
Traspasada la fecha de alguna, meditado, sentido y sobre todo analizado más con cabeza que con víscera, aunque me jode, cumplo, y lo hago poniendo distancia ya que la altura no me funciona y es que, aunque a veces me cueste verlo, sé y procuro no olvidar, que no tengo más vidas en la mochila.
Sin embargo en mi vida privada, ya sea porque ninguna de las opciones me convence, o porque las consecuencias me resulten desagradables, doy muchas vueltas antes de resolver lo que, en muchas ocasiones, casi desde el principio, percibo que se resolverá de una determinada manera.
Ni mi espíritu hedonista ni la inmadurez peliculera que me aflora para estas cosas con contundencia ayudan en este sentido. Así invierto mucho tiempo, demasiado, en sostener situaciones que mi mente sabe que debo desechar hasta anclarme de un modo absurdo y generar, igual por el tiempo invertido, por cabezonería o a saber , cierta sensación de que debe salir bien sin atender a razones: tripas mandan.
Hace tiempo, hablando con una amiga de las que te dejan rumiando ideas lanzadas entre chorradas, en ese escaso margen de seriedad que la permitimos nos dijo: “hay gente que vive como si tuviese otra vida en la mochila”.
No sé si fue ahí pero desde luego algo tuvo que ver, son esos momentos de revelación, de “¡ coño!”, apertura de ojos y cara de bobalicona, “¡claro!”. Así, en mi empeño de resolver cositas que, de algún modo, me metían el dedo en el ojo, de a poquito y sin grandes pretensiones, conseguí cambiar cosas importantes en mi vida. Sin embargo me dejé cosas para septiembre, esas cosas que cuestan más. Cuando las encaré puse fecha, por eso de que el cerebro no entiende de “algún día...” o "a ver sissss…”.
Traspasada la fecha de alguna, meditado, sentido y sobre todo analizado más con cabeza que con víscera, aunque me jode, cumplo, y lo hago poniendo distancia ya que la altura no me funciona y es que, aunque a veces me cueste verlo, sé y procuro no olvidar, que no tengo más vidas en la mochila.
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