Ante la inminencia de mi cumpleaños y, quizás por llegar a los treinta y todos, alguien a quien quiero y por eso no tomo a mal, decidió que sería conveniente regalarme un cupón de esos que tanto proliferan últimamente. Consistía en un tratamiento facial de limpieza, cremerío, masaje y no se cuántos pasos más. Preferí no preguntar qué insinuaba, para qué llevarme disgustos, y opté por ir a ver que me ofrecían, tras un día feucho en el trabajo me vendría bien un poco de relajo.
Nada más llegar no pude evitar constatar lo que llevo años notando que ocurre en peluquerías o centros de estética. Se trata de un continuo diminutivizar del que, a mi parecer, abusan los que trabajan en estos sitios: pelito, cremita, cejitas, arruguitas, granitos, grasita, uñitas, canitas, ito, ita... coño que parecen Flanders.
Llegan a puntos en los que noto como se me tensa el cuello y se me escapa la risa: "te pongo mascarillita, lleva quetatinita"... mmmm, respiiiiira, mmmmm... Pero ¿no se dan cuenta de que hay palabras que no se puedenitarmas?
Creo que me incomodan de un modo extraño porque me siento incapaz de corresponder. Igual minimizar el entorno me hace sentir más grande de lo que ya soy, y sinceramente no me seduce sentirme como la Alicia gigante en una habitación que se estrecha por momentos.
Sé que no debería prestar atención a estas nimiedades pero noto que, irremediablemente, cuando las escucho hablar tan dulce, tan reducido, me provoca una reacción orgánica en busca del ota, cremota, arrugota, queratinota...,saliendo ese exceso de testosterona que debo tener, y paradojizando sitios concebidos para potenciar la feminidad.
No sé, igual debería ir más a menudo a ver si se me pega algo, o empezar las próximas entradas con un hola holita vecinitos...
Sentencia abriendo de par en par sus enormes ojos azules. Yo miro la cuchara que tengo en la mano elevando cejas sin duples. Da un sorbo al café y vuelve a mirarme fijamente antes de continuar. "No pido nada que no me corresponda. En el colegio me enseñaron que si era obediente y aplicada sacaría buenas notas y tendría mi caramelo. En secundaria aprendí que si sacaba buena media podría estudiar y dedicarme a lo que quisiera. Llegué a la universidad y me prometieron que si aprovechaba los conocimientos que recibía y era lista tendría el trabajo que merecía. Cuando empecé a trabajar me contaron que siendo responsable y trabajando duro se reconocería mi valía..." Se detiene unos segundos para contener su reacción. "Sin embargo,a mis 48 años 2 carreras y 25 años trabajado tan duro que apenas veo a mi familia, me absorbe una crisis salvaje que ayuda a justificar el 20% de reducción en mi sueldo y más trabajo para cubrir el despido de mis compañeros, en una empresa que se sube al carro pero que dista mucho de sufrir crisis. ¿Dónde está mi caramelo?" Vuelve a fusilarme en azul buscando una respuesta que le devuelva la esperanza en un mundo que la ha decepcionado de todas las formas posibles, pero no se qué decir. Me esfuerzo buscando palabras porque se que necesita encontrar motivos para volver a creer. Ella ha cumplido con su parte del trato y solo recibe excusas para justificar la estafa: que si hay que recortar el gasto, flexibilizar el empleo, que si los españoles cobran mucho, que hay que salvar bancos para potenciar esa economía que nos trajo donde estamos y confiar en aquellos que justifican fraudes a golpe de "y tu mas". ¡¡¡Y tú mas!!! Algo falla cuando lejos de probar inocencia de acusaciones tan serias nuestros políticos, del color que sean, responden con un " ¡y tú mas!" Vaya, debería sentirme tranquila porque siempre habrá alguien más miserable más ladrón y más hipócrita que aquel al que se acusa... Curiosa manera de saldar cuentas...¡qué vergüenza!
Sigo buscando algo, acude a mi porque siempre he tenido una respuesta en positivo, lo necesita. Llegar a estas alturas con la sensación de decepción y fracaso absoluto tras tanto esfuerzo no es justo...pero nadie dijo que la vida fuera justa. Seguimos creyendo que "si somos buenos alcanzaremos el cielo", pero eso está por probar y la experiencia terrestre nos hace, a los ateos, menos crédulos, entendiendo que la sumisión que oculta no es mas que una brillante estrategia. Divago sin rumbo en mis pensamientos mientras busco algo que decir, "busca algo, busca..." "¿En qué piensas?"- me funde en cobalto con gesto de preocupación. "En que tienes razón, mereces tu caramelo..."
Don Antonio, la intención era ponerlo ayer, pero soy despistada y si no hago las cosas cuando las pienso en ocasiones, como ayer, pasan de largo en mi mente y cuando vuelven es tarde. Tarde, si, pero...¿importa? Yo creo que no maestro, pues solo pretendo dejar constancia de mi profunda admiración y respeto.
-"¡Vaya!, ¿de 1975? ¡Yo también! ¡¡¡Qué casualidad!!!... ¿¿¿De marzo??? ¡¡¡Como yo, increíble!!! Solo queda que me digas que te gusta el cine, uuuffff eso...eso ya sería cósmico..." -"...mmm...ejem...¿¿tu crees??" Permitanme robar la idea de la película cuyo trozo incluyo, es que hoy he tenido una de estas escenas, y no he podido evitar soltar una risilla incomprendida, cuando lo que se esperaba de mi era ojiplatismo y aleteo manual acelerado, lo intenté después, pero temo que ya era tarde. Lo cierto es que por algún motivo nos gusta encontrar puntos en común, fechas, gustos, actividades, rarezas que de algún modo nos vinculen con la persona que tenemos enfrente. Igual es un modo de sentir que no estamos tan solos, que somos aceptables o que existen conexiones casuales, casi mágicas, que han hecho que nos encontremos. Debo admitir cierto relajo cuando, en según que casos, esto ocurre. Creo que con los años me he vuelto mas huraña y me hace sentir quizás menos raruna, o simplemente me da tema de conversación durante un rato con personas a quienes acabo de conocer. Cada uno con sus motivos si busca seguro que encuentra sus casualidades. Quizás nos asuste sentir que somos diferentes y buscamos como locos aquello que estandarice usos, costumbres e incluso gustos. No vaya a ser que no se nos acepte. Yo llegué a ver 3 programas de Gran Hermano para tener conversación con mis compañeros de trabajo, hasta ahí llegué, me aburrió a morir, tanto que decidí que, ¡qué demonios!, si soy rara asumo, como asumo que siempre preferí a Tom Jones antes que a Depeche y que me atrae mucho mas Gary Oldman que Brad Pitt, y encima no soy sagitario...es lo que hay...como penitencia prometo abrir mucho los ojos y agitar la mano con celeridad y a tiempo la próxima vez que me surja este tipo de escenas.
Han pasado ya casi 2 meses, lo cierto es que me demoré mucho, no era la intención, pero en ocasiones me organizo raro. Era un 19 de diciembre, Madrid estaba frío y la gripe acechaba en cada esquina, pero yo tenía el plan perfecto para aquella noche. Llevé a mi hermana preferida, preferida por ser la única y preferida porque no podría imaginar ninguna mejor. Al entrar busqué sin encontrar, desde luego era el sitio y casi la hora. La barra, pequeña, estaba llena y nos sentamos en una mesa de la esquina, sin molestar, mirando hacia donde estaba todo preparado y donde tantas tardes de gintonic arreglando el mundo malrecuerdo. Durante unos instantes tuve la sensación de haberme colado en una fiesta privada en la que no conocía a nadie, solo me mantenía la certeza de que nadie hace tantos kilómetros para faltar a una cita. Con la primera cerveza se abrió la puerta y entró, azorado por el retraso, pero no podía dejar pasar la oportunidad de captar las imágenes del evento, perfectamente comprensible para mi, que paso el día retratando momentos. Cuando comenzó a hablarnos, suave, dulce... sentí que ese, desde luego, era el sitio donde debía estar, que tenía invitación y que no me sacarían a puntapiés los de seguridad.
Las presentadores describieron de un modo hermoso lo que todos los que estábamos allí, de algún modo ya sabíamos.
Entonces nos habló de la comodidad de lo sólido, pero no del libro, nos habló del concepto, de su experiencia, de su necesidad de superarlo. En ese momento fue cuando, por un lado temí que dejase de prodigarse definitivamente en estos espacios, y por otro descubrí otra forma de admirarlo. El evento fue emotivo, tierno, donde los mas osados leyeron aquellas entradas por él elegidas, y que el resto reconocíamos con una sonrisa. Me quedé sin foto Humberto, me quedé sin ella fruto de un compromiso fraternal, mojado con margaritas, previamente adquirido, ya lo siento. Me demoré mucho, pero no se me ocurre mejor momento que una tarde lluviosa de domingo con noche de Goyas, ambientada con músicas más propias de vinilo y acompañada de café, quizás demasiado pero un día es un día.
Enhorabuena por este magnífico trabajo que nos hace disfrutar tanto, y que se ha convertido en parte de mi mesilla de noche, para leerlo desordenado, eso no puedo evitarlo, siempre que así se me antoja.
Gracias por el esfuerzo de entregárnoslo en persona.
No vayas a pensar que olvidé tu cumpleaños, es solo que decidí celebrarlo. Decidí dar un paso más, y en este año que empecé distinto, con la idea quizás de distinguirlo en todo, elegí un buen momento, algo que me hiciese sentir bien y así cumplir con el que, seguro, sería el mejor regalo. También con intención meditada, cambié mis palabras de fecha e incluí algo que sería del todo inusual, no para mi que le encuentro sentido y soy dada a estas cosas, pero me consta que nunca fue tu caso. Resquebrajando costumbres entrego así mi felicitación y regalo, feliz, con la mayor de las satisfacciones y la absoluta certeza de haber acertado.
Hace pocos meses, días antes de su lamentable cierre y gracias al genial consejo de alguien a quien sigo por aquí, tuve la suerte de chusmearen las estanterías de una librería maravillosa de Barcelona.
Barcelona, noviembre 2013
Era uno de esos sitios mágicos que hacen que disfrutes durante horas mirando y rebuscando en su desordenado “orden”, donde no existe lógica alfabética por autor o nombre, y donde la suerte de colocar los ojos en el lugar preciso y en el momento adecuado hace que encuentres aquello que sin buscarlo era exactamente lo que querías , y el no ponerlos te deja con la sensación de que tienes que volver, porque no hay duda de que está ahí, convirtiéndose en misión ineludible dar con él, como si del amante perfecto se tratase.
A escasas horas de volver a esta ciudad, esta vez con excusa laboral ampliada por mi inevitable necesidad, me asusta pensar lo que pueda encontrar en su lugar si a mis pasos les da por dirigirse hacia allí.
Barcelona, noviembre 2013
De mi visita salió un libro. ¿Los motivos? Los motivos fueron que por alguna razón captó mis ojos, un ex-libris personalizado del que debía ser su anterior dueño, cuya vida me produjo en el acto una inevitable curiosidad, y una primera frase que lo mantuvo pegado a mi mano irremediablemente. No necesité más, tenía que comprarlo, y no entendí que unos días más tarde, un amigo se mofara de mis motivos llamándome, con cariño, raruna. Raruna…, vaya, menos mal que no le conté que me gusta olerlos. Es curioso, siempre pensé que todos teníamos motivos de esos que, como bien decía Pascal, la razón no entiende, y que se asumían como "pseudoracionales", ya que no en vano en demasiadas ocasiones son, al menos para mí, determinantes en la decisión. Sin embargo, como viene siendo más habitual de lo que me hubiese gustado, vuelvo a encontrar que, lo que considero común a la mayoría, no es más que una mera opinión entre, como diría un grande, más de 100 motivos.
Bien pues,...motivos..., motivos de esos que a priori a nadie interesan y que de algún modo despiertan mi curiosidad..., motivos como ¿Qué nos mueve a comprar libros de los que no tenemos más referencia que ese primer instinto de cogerlo de la estantería?
Mi muestra es seguro, una selección nada válida para un sociólogo que se precie, pero a mí me vale por el respeto que profeso a los que consulté y por ese curioseo poco ortodoxo que buscaba cuando recibí sus respuestas.
Es curioso cómo, sin mirar sus nombres hubiese podido averiguar de quien era cada una de ellas. También es curiosa la asunción por parte de la mayoría de que últimamente ya no compra libros sin referencia, son malos tiempos para algo mas que para la lírica. En cualquier caso aquí dejo, agrupados pero sin tratar para respetar su frescura, esos motivos que los mueven cuando osan comprar libros sin “pre-historias”:
- Formato: “Letra grande”, “calidad de la impresión”, "que no sea demasiado grande, no me gustan los libros mazacotes, me resultan pesados antes de empezar…”. “Líneas ni muy separadas ni muy juntas”
-Editorial y edición: “yo era fan de "S_____" tuve una temporada que me compraba uno al mes”, “el número de edición o una buena traducción”.
- Portada: “portada llamativa, con un buen diseño” (muy recurrente), “Portadas con foto triste... gris nube, viento, libertad, cadenas, amor, te quiero, sexo… o portada naranja girasol o portada que diga... Neruda o Camus o Cortazar o…”
- El título: “Los grandes títulos que no he leído”. “Un título de impacto”. “Títulos con palabras que identifique con mi momento”. “Títulos graciosos”.
- El autor: “Que sea un escritor de moda”. “Que ya haya leído algo suyo”.
- Colocación en la tienda: “muy visible en la tienda o en el escaparate”; “que tenga un cartel de Best Seller”, o por el contrario “que no sea un Best Seller”
- Leer algo: Prólogo o sinopsis:”Si me llena lo que leo es mío, es una manía, un pellizco” Aunque también están los que opinan: “Ah, las sinopsis intento no leerlas porque muchas veces son como los trailers, te destripan la peli”. Leer unas páginas al azar: “que sea hermoso o fresco de leer”. “Que no tengan muchos datos y poca literatura, para eso cojo una enciclopedia”
- Por temas:“Me compro de forma impulsiva tratados de psicología”, “Novela histórica”, “Clásicos”, “Novela asiática, especialmente china o japonesa”.
- Estado de ánimo:“compré "-----" en un buen momento pero luego pasé una racha enfadada con el mundo y lo tuve que dejar a medias. El puto libro me sacaba de quicio!!!”; “ En rachas raras me apetece leer novela negra, de crímenes, libros tenebrosos", “tengo los clásicos de desamor. Creo que si los colocase por orden cronológico de compra sabría quién me rompió el corazón en cada libro”
Estos son sus/nuestros motivos, solo me queda dar las gracias a los que aportaron su granito y decir que me encantaría, si tenéis a bien, saber que os hace dar la oportunidad a un libro del que no sabéis.