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viernes, 15 de julio de 2016

Cuidadín con lo que se desea

Los que me conocen bien saben que tengo tendencia a situaciones ridículas, absurdas y en ocasiones incluso esperpénticas, siempre he pensado que Valle-Inclán se hubiese frotado las manos conmigo, quien sabe, igual como compañera de Max Estrella con billete de lotería incluido. 
Me tranquiliza que en mi entorno no soy la única, se que es consuelo de tontos pero no puedo evitarlo, siempre es más fácil contárselo a aquellos que han pasado por situaciones similares, no te miran como si fueses un bicho raro y empatizan mucho más.
Afortunadamente soy de risa fácil y salvo la tremenda violencia que me producen estos acontecimientos con una gran sonrisa, alzada de cejas y giro de ojos contrario a las agujas del reloj, mientras una voz en off me dice “de qué te sorprendes?!”. Ha sido un gran descubrimiento esta técnica solo alterada por alguna ráfaga fugaz y a traición, donde se cruza la imagen en cuestión por la cabeza, en mi caso suele ser en casa, obligándome a cubrir la cara con lo primero que pille como si me pudiese ver alguien, “aaaayyyyyggggggghhhh”. En alguna ocasión he mantenido la cara cubierta por una manta durante los minutos que tardo en darme cuenta de la estupidez de gesto.
Es posible que no sea una cuestión de azar, incluso podría ser algo propiciado. Hace años conversando con quien fue una gran amiga y colaboradora de formulación de teorías domésticas, encontramos un punto en común de muchos de los sucesos más absurdos que nos habían ocurrido, huelga decir la tarde de risas y cubrimientos de cara con aaayyyggggss que pasamos. Muchas de ellas eran comunes, siempre se llevan mejor en compañía, y en gran cantidad venían precedidas de algún deseo previo al que podía asemejarse, eso si, parodiado.
No supimos si alegrarnos de “conseguir” lo que queríamos, o echarnos a temblar por los resultados. Finalmente, como somos de naturaleza práctica aun a pesar toda la verborrea que sobraría en muchas de nuestras conversaciones, encontramos que el motivo, al menos a nuestro entender; era que nunca especificábamos lo que queríamos; cumplir se cumplía pero... cómo!!?? aaaahhhh!!!

jueves, 23 de mayo de 2013

Situaciones ridículas

Ya he comentado en alguna ocasión, si no aquí en otros entornos que tengo cierta tendencia a las situaciones ridículas o esperpénticas.
Parecía que iba remitiendo el porcentaje, supongo que por el aumento de días sin eventos tales, quizás debí haber previsto su cercanía, pero no, decidí confiarme...mmm...craso error.
Creo que lo gestiono bastante bien, tengo cancha y cada vez salgo mejor de estas situaciones, o eso me gusta pensar. Sin embargo desde ayer ya he tenido un par de aaayyyggggsssss, con cubrimiento de cara por cualquier cosa que tenga cerca. Supongo que algunas artes siguen, inevitablemente, sucumbiendo al rubor.
Últimamente por algún motivo me toca lidiar continuamente con ''ores'' de todo tipo, auditores, asesores, consultores...no sé si porque han decidido que se me da bien o porque no me quejo, igual debería probar.
Estos días ha venido uno cuyo país de origen no consigo definir al 100% y a estas alturas me da apuro preguntárselo. Ayer tuvimos reunión, dos horas repitiendo lo que ya he contado tantas veces que puedo hablar de ello mientras pienso en muchas otras cosas. Todo fue aparentemente bien, o eso creía yo hasta que, una vez en el ascensor, me he vi reflejada: ordenador en mano, cuaderno, botella de agua, bolígrafo, post-it y los dos botones superiores de la blusa desabrochados. “La madre quemmmm…..”, noté cómo me ardían las mejillas y las orejas de tal modo que seguro subí la temperatura del ascensor sustancialmente.
Aaaaggggggghhhh, perdón por la interrupción pero necesitaba cubrir mi cara por unos segundos.
Agradecí llevar aquel precioso modelo de encaje verde y que mi pecho no sea generoso, de otro modo hubiese sido más escandaloso y violento. Quisiera pensar que esto ocurrió cuando me levanté y cogí mis cosas, pero vistos mis precedentes, seguramente llevaría de tal guisa el tiempo suficiente para que no pasase a nadie desapercibido. También agradecí la cerveza con aquel amigo que se desternillaba cuando se lo narraba, teatralmente claro, y que quitó hierro al tema, haciéndome reír a carcajadas.
No tenía intención de escribir sobre ello, pero en vista de que debo volver a reunirme con él, y tras la conversación cervecera a modo de terapia, he decidido hacer pública mi humillación, por eso del choque, de modo que cuando vuelva a enfrentarme no piense en botones ni en verde, solo en buscar la manera de recuperar mi imagen profesional en detrimento de otros encantos que prefiero reservar para quien yo elija.
Igual un cuello vuelto aun a veinticinco grados a la sombra ayude...mmm