Desde hace semanas, quizás desde aquel bonito día que finalicé con el gran Cézanne, maravilloso a pesar de la escasez de la muestra que la baronesa tuvo a bien ofrecer, tengo la impresión de poder volar.
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| Colores y texturas |
Un día que disfruté, acompañada de mi morena preferida, recorriendo las telas de Atocha: sedas, gasas, muselinas, brocados, satenes... sin otra intención que, que la única heredera de los dedos Castro honrase su memoria para beneficio de mi torpeza, que solo puede aportar en la elección adecuada de tejidos gracias al tacto, no tanto heredado como a la fuerza adquirido, tras años pintorrejeando retales con el trozo de tiza rosa que me dejaba para jugar a imitar sus patrones, por supuesto sin ningún éxito.
Sí, creo que es desde ese día en que la primavera daba un puntapié al invierno y yo sentía como se liberaban sensaciones y sentires, como si esperase miuras a porta gayola y sin larga cambiada dejando que me arrollasen deliciosamente.
Me gusta pensar que fue ese día en que retome entente cordiale abriendo mis ventanas al polen a cambio de energía y horas de luz, cuando comencé a sentir que la vida decidía ser especialmente generosa conmigo y que, dure lo que dure, concedía crédito a mis deseos de un modo sorprendente.
Hoy, lamentablemente, soy conocedora de una terrible noticia que afecta a alguien a quien conozco y que me muestra de nuevo en qué consiste esto.
Hoy, día raro, vuelvo a descubrir lo efímero y caprichoso de lo bueno y de lo malo, y por eso hoy, mas sensible al cambio decido, para tensura de supersticiosos que auguran malos farios ante el reconocimiento, hablar bien alto de mi buen momento, desafiando suertes, no se si por la arrogancia de quien se cree tocada por la fortuna o para no olvidar y tener reservas de tiempos buenos cuando los malos vuelvan a cruzarse en mi vida.
Como dice el gran tema que me acompaña: "quién iba a decir que sin carbón no hay reyes magos"
