Los mas leídos...cada uno sus motivos

miércoles, 8 de abril de 2015

Because they really do it right

La pasada semana, por esas cosas que tienen las noches de rock&roll y cerveza, me metí en un "nohayhuevos"  que me ha llevado directa a enviar varios mensajes, que seguramente no tengan respuesta, y escribir esto para sentir que hago algo, por poco que pueda servir.
 Hace unas semanas conocí a un grupo que me maravilló, su nombre The Soul Jacket. Lo vi tocar en la sala Boite de Madrid y fue genial. Tanto me gustó que cuando mi acompañante me en propuso pasar un par de días en Toledo, donde tocaban, y volver a verlos no lo pensé dos veces, me pareció una idea genial. Allí nos plantamos los dos, en plena Semana Santa castellana que, lamentablemente, no entiende de músicas paganas.
 La sala estaba prácticamente vacía, no podía creerlo. ¿Qué está pasando? No sé si me equivoqué de época, de país o de gustos musicales, pero me cuesta entender que ese lugar no estuviese lleno hasta los topes. 
  Aun así los gallegos volvieron a enamorarme, tocaron como si fuese un estadio y disfrutaron, haciendo disfrutar a los que allí estábamos, independientemente del aforo.
  Me pareció tan injusto y estaba tan indignada que dije  a mi acompañante que, por purita justicia, escribiría sobre ellos, mandaría un mensaje a Azkena para proponerlos, y a Rock FM para que se les diesen un poquito más de salida. Me vine tan arriba que solo me quedaba mandar los mensajes y escribir en los escasos espacios donde me prodigo últimamente  para dar a mi persona un poco de coherencia y credibilidad.

Solo espero que veáis lo que yo vi en ellos, si no es así no me tomaré, por supuesto, a mal que ni los nombréis pero yo, al menos, tenía que intentarlo…ya digo: purita justicia…


lunes, 9 de marzo de 2015

Instintos absurdos

Hoy me acordé de algo que muchos años atrás me dio por pensar. Por algún motivo, seguramente muy absurdo, creía que moriría antes de los 40, algo que, y esto sí que es demencial, no me parecía del todo mal. 
No creo que fuese por dejar un bonito cadáver, como mucho resultón si me pillaba arreglada. Más bien, supongo, por la inconsciencia propia de la juventud que hace pensar que los 40 están tan lejos;  y por la escasa, casi nula, confianza en eso que llaman sexto sentido y que en mi caso nunca vino de fábrica.
Ahora, a escasas semanas de llegar a esa edad, llámenme rara, lo cierto es que no me apetece un pelo morir. Curiosamente, y con todo lo que me haya podido quejar a lo largo de todos estos años, me gusta mi vida..., me gusta mucho. Claro que hubiese evitado algunos malos tragos pero aun así a día de hoy, no me cambiaría por nadie.
Así, a pesar de llevar la contraria a grandes cantautores de este país, si la  Parca tuviese en estos días intención de visitarme, ni me lleven al sur, ni arrojen al mar mi barca con un levante “invernal”,  mas agradecería una solicitud formal de otorgar  a este organismo vivo otros tantos años que tanta curiosidad me producen. Total para un ser al que el tiempo no persigue, poco esfuerzo le debería suponer este tipo de concesiones.

No sé por qué hoy me he acordado de esto, y ahora me enfrento a estas dos semanas con la absurda sensación de incumplir un tétrico compromiso de algún modo adquirido tantos años atrás, condenando definitivamente ese instinto juvenil tan osado como macabro
 ….mmmm….que le den

viernes, 16 de enero de 2015

Una excavalola'

Iba pensando en la cantidad de días que supondrían la devolución de minutos vitales invertidos en indeseables atascos diarios, cuando posé los ojos y la mente, aun lenta por falta de cafeína, en una excavadora que recogía pequeñas porciones de arena y las posicionaba a algo más de un metro hacia el interior, con una delicadeza y precisión sorprendente y poco acorde con su envergadura.
El interminable semáforo que nos condena a invertir más tiempo del deseado en esos escasos metros fijó definitivamente mis pensamientos y mis recuerdos...
"Hazme una excavalola" repetía mi sobrino una y otra vez, en esa obsesiva edad en la que todo se reduce a aquello que es foco de todos sus deseos. Así, cualquiera que pasara más de los 5 minutos de rigor para adquirir su confianza, se veía asediado por un papel, un lapicero y la clara instrucción de pintar una "excavalola", nunca lo corregimos, nos resultaba tan gracioso y tierno que primamos nuestro placer de escucharlo por su ya olvidada violencia al descubrir el error.
Yo, que pinto como un niño de 4 años, me convertí en una experta dibujante de excavadoras, todos los cuadernos de mi casa tenían cientos de garabatos con los que conseguíamos convencerlo de que era exactamente lo que había pedido. Entonces sonreía, te miraba y decía: otra!!
Recuerdo su cara de entre pasmo y enfado cuando mi hermano dibujaba un punto en una esquina del papel. Él le miraba con las cejas alzadas esperando a que continuase y este decía, "si te fijas, es una excavadora que está muuuuuuuy lejos". El niño le miraba desafiante y le arrebataba el papel y el lápiz de las manos para dárselo a quien le inspirase mas confianza mientras, de reojo, observaba el punto por si conseguía ver algo identificable.
Esto me hizo reír antes de volver a la realidad a golpe de claxon del coche de atrás, que me instaba a adelantar los 7 centímetros que había avanzado mi predecesor.
De nuevo parada volví a mirar el extraño brazo articulado cuya garra trataba con tanta cortesía los montículos de tierra y malas hierbas. Podía verse como mas y mas la ya escasa naturaleza se retraía, a la fuerza, en favor del asfalto en una ciudad sobresaturada de cemento y grises...grises..., de todos los tonos que puedan existir, de cemento, edificios, coches, niebla...todo era gris menos la excavadora que me había llevado a un momento que tenía escondido.
Volvió a pitar detrás el coche gris, sonreí, "no habrá tomado su dosis de fibra diaria" pensé y recorrí los 7 centímetros que me llevaron al semáforo, que de tan verde, me sacó de aquel frío e inmóvil gris...
Mi mano y la de mi sobrino (la grande) ha llovido tanto de desde aquellos dibujos...

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Descubriendo...

El año pasado decidí que no iba a hacer balance de los años que fuesen pasando, ya fuese en mi calendario personal o en los que marca el reloj de Sol a ritmo de uvas. Pero a quién quiero engañar…, aun pensando que no lo hacía, en mi mente se escurrían ideas y datos que procuraba esquivar y desechar siendo más forzado no hacerlo que sucumbir a dar una nota, adjetivo o palabra al periodo cerrado.
 Así, hace solo unos minutos, cuando volvía del interminable aperitivo nocheviejero, con todas las tareas a realizar estresando mi cerebro, y que aun me aguardan; esa parte de la cena que para desgracia de mis acompañantes me tocó, vestirme con algo bonito porque hay que celebrar todo lo celebrable y pintarme el ojo porque es algo que siempre me gustó, me asalto la palabra que mejor define este año.
Año en el que, para mi fortuna, tanto he descubierto. Tan simple y tan complejo. Sí, he descubierto, en todos los sentidos,  gente que ha entrado y salido, lugares que me han maravillado, actividades nuevas que me enriquecen, gustos, disgustos, sueños, música… 
No puedo escribir sobre todos, y no quería cerrar el año sin dejar algo, a pesar de la escasa imaginación que me ronda últimamente, así dejo uno de mis descubrimientos en forma de música poco navideña.


Feliz 2015, la niña bonita…


jueves, 20 de noviembre de 2014

Romanticismo a medida por favor

Hace unos días tuve una conversación curiosa. Estaba  charlando con un tipo interesante que no conozco demasiado. Uno de esos amigos de amigos de amigos que no sabes muy bien de dónde salen pero que por algún motivo, cada vez que coincides, se convierte en esa cara amiga con la que siempre acabas convergiendo y hablando a pesar de la aparente falta de confianza. En esta ocasión había otra persona a la que no conocía, y que nos contaba lo romántico fue ese momento en que su pareja fue a buscarla con aquel precioso ramo de rosas rojas por San Valentín.
- “¿Te gustan las rosas?” pregunté
 -“Claro”- me dijo- “a todo el mundo le gustan”
- “ Claro...y...¿Es tu flor favorita?”
-“No, pero son bonitas y es romántico.... ¿Tú no eres muy romántica, no?- "Plassss" así lo lanzó directa, certera y sin ninguna compasión.
A partir de ahí infructuosamente me empeñé en hacerla ver que no era así, simplemente teníamos conceptos de romanticismo distintos pero no por ello el mío menos romántico. Mi cara amiga aprobaba mi discurso y me miraba de reojo para que desistiese con ella, que había decidido ya que yo era una mujer extraña e incluso, por su actitud, podría decir que poco femenina.
No le presté atención y, a pesar de su sabia mirada, me expliqué algo que no suelo hacer...demasiadas cervezas supongo. 
Así le conté lo poco que me emocionan mil rosas, comparado con el temblar de mis las piernas si lo veo  aparecer con una simple margarita un día cualquiera, solo porque sabe que esa es mi flor favorita.  Que de buena gana sustituyo una noche en el Ritz the París por ese Riad de Marrackech donde besarnos sin fin cada vez que la oración nos despierte en la noche. Que la banda sonora de mi momento romántico nunca sea el socorrido “When a man loves a woman” , porque sepa que muero por hacer el amor con él escuchando bajito  la trompeta y la voz de  Chet Baker. Que adoré aquel momento, ya lejano pero siempre en mi recuerdo, en que me venía a buscar al aeropuerto con un montón de regalices rojos porque supo pronto que me gustaban de un modo infantil, inevitable... que sabía de memoria y le divertía el modo en que lo separaba tira por tira como si fuese un ritual para ir mordisqueándole poco a poco y dedicarle un tiempo excesivo. Qué recuerdo con especial ternura el día de cumpleaños en que me regalaron el sonido del mar en un mensaje sonoro de móvil, acompañando  una  foto del lugar y lamentando no poder enviar su olor... Iba a seguir pero por su mirada entendí que no había mucho que hacer, si no incluía una joya, arrodillamiento, bombones o algún elemento ostentosamente romántico de menú del día.


Ahí decidí parar, los momentos y lugares mágicos los dejé para mi. Ni me tomé la molestia de explicar, que igual como consecuencia de un ego desmedido, me gusta sentir que buscan, y buscar, aquellas cosas que sorprendan, que te diferencian, y que pueden sacar una sonrisa, dejar sin palabras, hacer suspirar o emocionar de un modo personal y único... aunque eso me convierta, a según qué ojos, en poco romántica o escasamente femenina.




jueves, 9 de octubre de 2014

La tienda de las cosas "inempezadas" e inconclusas


Solo tenía 6 años cuando me llevaron por primera vez, lo recuerdo bien. Estaba en aquel callejón por el que pasaba cada mañana cuando, durante las vacaciones de verano, iba a la vaquería donde trabajaba mi abuelo. Creo que lo que más me sorprendió fue que era el único espacio del callejón donde el olor a estiércol desaparecía tras cruzar la entrada.  
Recordaba el cartel de la puerta “PAS S LLAM”, nunca entendí lo que significaba y decidí no preguntar por miedo a reproducir el manotazo que mi madre me propinó cuando aporreé, por primera y última vez, la aldaba.  Desde ese día me limitaba a empujar el portón de madera maciza que resistía impecable el rigor de los inviernos abulenses.
Allí había de todo, libros sin letras, botellas de vino cerradas con copas vacías, semillas milenarias, paquetes de tabaco precintados, bloques de mármol con cinceles apoyados y carteles indicando los nombres de los trabajos sin esculpir, cuadros sin trazos,  maderos sin tallar o troncos semitallados con telas de tapizar encima, cuadernos con títulos ilegibles, fotografías oscuras que casi no permitían ver a los personajes que en ellas sonreían, o que no llegaban a hacerlo... 
Mi madre me hacía sentar en un taburete rasposo de dos patas que se balanceaba al ritmo de mis piernas, y que llevaba al límite aun a riesgo de caerme por esa inevitable atracción hacia lo posible. Ella entraba en el cuarto donde que una densa cortina tras la puerta impedía que viese lo que había al otro lado. Yo aguardaba con los ojos fijos en el misterioso vano, esperando impaciente ver el rostro de mi madre sonreír. Cada vez que iba aparecía con un gesto distinto y me hacía correr. Recuerdo aquel día que salió riendo, -“nos vamos”-me dijo exultante, días más tarde nos mudábamos a la otra punta de la ciudad. La vez que más lloró estuvo 3 días seguidos sin poner un dedo en la máquina de coser, miraba la tela de seda con desprecio y el cuarto nos comunicaban que la abuela había muerto.
No entendí que relación podría haber y durante años ni siquiera lo cuestioné. Cuando por fin pregunté que había dentro su respuesta fue simple, -“todo lo inempezado e inacabado”-, no entendí a qué se refería, pero solo me asaltó una curiosidad más "madre...¿se pueden cambiar las cosas cuando vas?"- “claro”, me dijo, -“excepto las leyes naturales, siempre que estés a tiempo y tengas el valor necesario para hacerlo...”- nunca me contó mas...y nunca mas pregunté... 
No había vuelto a aquel sitio en años y ahora que estaba aquí no podía evitar adentrarme en el callejón. La vaquería se había convertido en un bar cuya modernidad resultaba casi insultante para el rotundo corte medieval de la ciudad. Pasee la mirada por cada uno de los edificios tan distintos, siendo los mismos, que hacían pensar que me había confundido. Ya empezaba a dudar cuando mis ojos se clavaron de nuevo en madera, aldabón y carteles ilegibles. Habían pasado tantos años que me costó entender que siguiese allí y no tenía claro que hubiese alguien dentro.
Estuve tentada de hacer sonar la aldaba cuando sentí un pellizco en la memoria de mi mano, haciéndome cambiar la intención y abrir directamente como, por fin entendí, indicaba el cartel. Todo seguía igual, dudé que alguna vez se hubiese vendido algo. Seguí paseando por los pasillos que tan altos me parecían antaño y vi el taburete donde me balanceaba en el mismo lugar que siempre. Entonces pensé en la puerta, allí seguía, entreabierta y con el mismo telón plomado para evitar miradas indiscretas. Me acerqué y crucé el umbral, como si una fuerza extraña me fuese empujando. Entonces lo vi, era un álbum de fotos con las iniciales de mi nombre en la portada. Lo abrí y descubrí todos aquellos momentos de mi vida que no reconocía: recibiendo la medalla de alguna competición a la que no fui;  de la mano del chico con el que tanta vergüenza me daba hablar en el instituto; tomando ese café que no pude volver a tomar con ella ; besando a Mark; en el observatorio de La Palma; en mi piso de Barcelona;  haciendo la oposición a la que no me presenté; aceptando aquel trabajo en Ámsterdam...había tantas que empecé a pasar las hojas con angustia, sin siquiera ver la escena, pero sintiendo como se instalaban en mi sentir y, de algún modo, en mi recuerdo.
Empecé a zarandearlo hasta que de un modo brusco paró, quedando abierto  en una foto donde podía reconocerme, era actual y sonreía. En la parte inferior una leyenda indicaba: “inempezada...acabada”. Al otro lado de la fotografía podía distinguir su figura, era él, sentado al piano preparado para tocar y mirándome... Hacía cinco días que no tenía noticias suyas. No entendía cómo había ocurrido. Quizás nos habíamos precipitado, como adolescentes decidimos restar fases, por necesidad, por ganas o por una incontrolable prisa, nos saltamos el comienzo y sin mas se precipitó el final.  En ese momento el álbum se cerró y la misma fuerza que me había adentrado me dirigía sin pausa hacia la salida.
Una vez fuera rememoré las palabras de mi madre "...si tienes el valor necesario para hacerlo"..., seguí caminando mientras cogía el móvil y escribía: “hola, ¿sigue en pie ese paseo...?”
Miré hacia atrás, la  puerta de madera era ahora de forja, con un cartel donde se podía leer claramente: "finca privada, por favor cierren después de entrar". 
Noté que el móvil vibraba, sonreí y me dirigí al coche con el valor necesario y escasa intención de volver a entrar.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Mamá me pongo a trabajar porque si me apetece un cuerno de chocolate, me lo compro (Reposición para ella)

Así de básica y contundente, tras años de esperar ocasiones especiales y visitas para abrir el surtido de galletas de chocolate, cuya visión ejercía de campanilla pavloviana para los cuatro niños y no tan niños que esperaban ansiosos, salivando, el momento de ver desprecintar aquel tesoro.
Eran tiempos difíciles y aquellos muchachos y no tan muchachos, aunque no podían evitar el ramalazo infantil de querer lo que se desea al margen de toda razón,eran conscientes de que había que callar y arrimar el hombro.
Aprendieron pronto, demasiado pronto, que el serrín es terrible cuando entra por la nariz, pero que rellena muñecas de trapo que sonríen aun cuando se les está clavando una aguja.
Después fueron las pinzas, esas endemoniadas que despellejaban los dedos y los llenaban de padrastros, contar, unir, colocar para introducir los muelles en aquellas bases de metal macizo con piezas soldadas, que nada tenían que ver la una con la otra, y que seguramente habían sido ideadas y construidas por algún pseudo-ingeniero frustrado y sin recursos cuya genialidad era despreciada por una sociedad incapaz de dar cabida a su 'arte'... Eran miles, y no se podía bajar a jugar hasta que se acabaran, eran tiempos difíciles y todos lo sabían, así que no dudaban en decir a sus amigos que bajarían más tarde mientras miraban mordiéndose el labio inferior, como sus amigos se iban con el balón bajo el brazo.
Así de básica y contundente fue esa muchacha que tuvo muy claro lo que había y lo que debía hacer. Tan morena que podría pasar por india, lista y con notas estupendas en los primeros años de instituto que mantuvo hasta el final de la carrera. Sabía que tenía que salir de la cadena de montaje casera y buscar fuera la mejor manera de hacer aquellas cosas que deseaba. Eran tiempos difíciles y esta niña no tan niña abría las puertas de lo posible, que todos, poco a poco fueron atravesando con mejor que peor suerte.
Años después, no hay reproches, resquemores, ni traumas solo recuerdos cargados de ternura, comprensión y nostalgia, eran tiempos difíciles y todos sabían lo que tocaba; años después distando mucho de ser niños aún recuerdan cuando se juntan y ríen levantando las cejas al comparar con sus hijos y sobrinos que, afortunadamente, nunca sabrán lo mucho que pica el serrín en los ojos 


Reposición para la mejor hermana posible, aunque no sepa de este espacio, porta el mismo cariño... Feliz cumpleaños!